jueves, 06 de mayo de 2021

>EDITORIAL


5.2.2013

¿Impuesto equivale Servicio?


El hombre contra el Estado
(El hombre contra el Estado)
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 Muchas (por la cantidad) y muchas (por la calidad) son las razones que hacen compleja y difícil la tarea de comprender y luego explicar que la realidad política de la ciudad y el país a la que esta pertenece va en la Sección Local y estas mismas noticias relacionadas con el mundo van en la Sección internacionales.
Se han ensayado y se idean nuevas clasificaciones de esta temática, la política, que en definitiva es todo lo que ocurre en una sociedad y su relación con el estado, los políticos, los ciudadanos, la economía y el mercado.
Es indiscutible que la sociedad de hoy, ya no tiene regreso, es la sociedad del conocimiento y la información tal como diagnosticara Alvin Toffler en su obra “Cambio de Poder” por la década de los años 90. Según este sociólogo, ya han caído las olas “surfeadas” por el poder político nacido con la civilización del hombre. La primera ola fue la propiedad de la tierra, ser dueño territorial otorgaba poder (el señor feudal y el rey); la segunda ola fue el dinero, el oro-moneda confería a su poseedor el poder político (Morgan y Rockefeller por recordar los más emblemáticos representados por el tío patilludo del pato Donald). Por último, en 1969 se vio al hombre pisando la luna en una endeble imagen de TV y en ese instante comenzó el Siglo XXI y con él la tercera ola, en su cresta el poder político pertenece al conocimiento.
Esta situación obliga a repensar todas las clasificaciones y demás teorías para interpretar y comunicar la política. Todo es nuevo aunque hayan sobrevivido instituciones, lenguajes, mecanismos y los objetos más diversos y variados. Porque es cierto que todo cambia y esto supone un proceso de transformación total pero parafraseando a Lavoisier, al mismo tiempo y simultáneamente, “nada se pierde”. En este aparente y feliz juego de palabras se anida la clave para entender las leyes del universo y su relación con las leyes de la cultura que fueran creadas por el hombre y que en definitiva las verdaderas son una subespecie de las primeras .
Dicho esto y volviendo al tema inicial, quiero decir que hoy, muy analizada esta cuestión de cómo encuadrar y clasificar la política, creo que es más sencillo de lo que parece, creo que hay una fórmula que puede encuadrarse en la vulgata actual, un carril o andarivel que permita tratar el tema de la política sin dispersiones, chicanas, fugas y prófugos.
La fórmula que propongo entonces es tratar el tema como una aleación que se forma con el Impuesto y el servicio, considerando que el resultado debe ser el valor social producido por el Estado y directamente proporcional con el valor económico individual de la persona o contribuyente.
Si se reúnen todas las lecturas posibles del universo político, donde caben todos los hechos entre el ciudadano, el estado y lo sometemos a la prueba del “luminol” revela la existencia de sangre ciudadana en la equivalencia “Impuesto ~ servicio”. Este grave indicio debe ser considerado y revisado permanentemente por un ciudadano Instruido como un detective y con el conocimiento que la sociedad actual necesita para que se cumpla el protocolo de conducta social valiosa. Hagamos las pruebas que merece esta reflexión y observemos la realidad política de cualquier País considerando el paradigma “Impuesto~servicio”.
El primer interrogante acerca de esta cuestión que debe hacerse cualquier ciudadano es porque pagamos impuestos. Es la primera pregunta que debemos hacernos empleando la lógica formal más elemental. Digo esto porque si no vivimos en un apartheid y dicho sin eufemismos, sino somos esclavos es lo primero que debemos saber.
¿Por qué pagamos impuestos al Estado?
Es un diezmo al señor feudal dueño del territorio a cambio de poder cazar presas, levantar una choza, recoger leña para el fuego, etc. Y que cumplimos porque tiene la fuerza y nos protege de sus propia fuerza al mejor estilo Al Capone, formula que ya se utilizaba en la Edad media, creo que no es este nuestro caso. Pagamos un impuesto al Rey-monarca por razones parecidas al del señor feudal pero en nombre de un Reino Nación, tampoco sería este nuestro caso.
En la Argentina de hoy “todos” ponemos un valor económico para que el Estado lo convierta en valor social, por ejemplo asistencia médica a un pobre, un policía en la esquina del barrio, una escuela , etc.
Dicho de esta manera la formula es muy clara, sencilla: el valor económico (dinero, obligaciones de hacer, expropiaciones, etc.) ingresan a la Caja Publica del Estado y con estos recursos la gestión estatal acciona para producir los resultados que solo este artefacto puede realizar en la sociedad. Es difícil ver alguna complicación o significado extraño a la cultura humana que impida o cambie este simple mecanismo.
Sin embargo hay una cuestión que opaca esta lectura y es la imposibilidad de calcular la enorme masa de valor económico que aportan los contribuyentes y la cuantiosa cantidad de servicios encomendados al Estado, su exacta relación es invisible al hombre común. Me refiero a la lectura macroeconómica con su compleja observación a través de semánticas y métodos solo utilizados por científicos y afines. Obviamente esa realidad solo puede tener observadores con la preparación y entrenamiento científico que escapa del hombre común, pero no obstante ello, los hechos son los mismos en la microeconomía y se parecen a la vida del consorcio de un PH cualquiera.
Según la pregunta inicial un ciudadano paga un impuesto y debe recibir una contraprestación. La contraprestación del Estado son todos los hechos que realiza este artefacto y que son perceptibles a simple vista, por ejemplo un viaje al exterior del Presidente. Este hecho es un costoso acontecimiento, de gran significado económico por su costo y que paga directamente todos los integrantes de la Sociedad Civil, es decir el ciudadano con su impuesto depositado en la Caja Pública. Esto no puede ser de otra manera porque el Estado “no tiene recursos económicos propios”, solo cuenta con el ingreso de los impuestos que recauda y alimentan su cuenta que es un activo financiero superavitario mientras su saldo supere al gasto. No hay más que entender porque no hay nada más que ocurra en la realidad económica de la gestión del estado.
La política económica del estado, como tan pomposamente se califica, es simplemente una subpolitica de gastos dentro del sistema económico del País y/o Nación, porque el estad (que son los valores económicos aportados por los ciudadanos en concepto de impuestos) y cuyo resultado se ve reflejado en la famosa cuenta del Gasto Público más conocida como el “déficit”. Digo esto porque antes de debatir sobre la cuestión tributaria y como diseñar su sistema impositivo es necesario para cualquier razonamiento que ponga como la premisa general que el estado no crea bienes ni servicios con valor económico primario u original, por lo tanto el estado no genera riquezas que aumenten el PBI. Esto es una ley universal que condiciona las creaciones del hombre como en este caso es el Estado. Este es una herramienta muy valiosa que el hombre civilizador (homus civilis) creó para ayudarse a conseguir una sociedad perfecta y cuando logre ese objetivo dejará de lado al obrador-Estado, porque es un artefacto provisorio y un medio en la historia de la humanidad. Si el ser humano logra sobrevivir a este intento que es la civilización cuando llegue a ese destino lo hará sin estado porque este es una prótesis y el objetivo del hombre no es ser “robocop” .
Sin embargo, en este momento se necesita y es clave que el ciudadano lo haga funcionar con la mayor perfección posible y eso podrá lograrse renovando la actitud y adoptar una mirada con gran calidad critica, la mirada de cada uno se suma y constituye la mirada de la sociedad y la conclusión es de un poder inmenso. Esa mirada debe acudir a observar con toda simpleza pero con gran convicción la relación que hay entre el Impuesto que se paga y la contraprestación que se recibe del estado. Esta fórmula no tiene ideologías, ni complejas semánticas o interpretaciones macroeconómicas, etc. Si pago un impuesto cuyo importe es determinada cantidad que recibo por ese valor del Estado.

Eso es todo.
 



Dr. Ricardo Francisco Ortolá Bosio



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