lunes, 19 de abril de 2021

>EDITORIAL


22.1.2010

Avatar y el Convenio 169 de la OIT


(Epígrafe de la imagen)
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Pocos días atrás, tuve oportunidad de ver la película recientemente estrenada Avatar y consideré relevante comentarla.
Según pude apreciar, además de todas aquellas novedades que gratifican los sentidos con efectos especiales y la incorporación (al cine del gran mercado) la técnica digital para su montaje, hay que reconocer novedades significativas en el contenido argumental de la historia narrada.
La primera que destaco es la “globalización” que aparece aquí como un fenómeno normal y rutinario de la empresa humana. En esta pelicula el mecanismo funciona en el espacio interplanetario ya que se trata de una luna satélite llamada Pandora y en donde los terráqueos (seres humanos) arriban atraídos por un mineral que en la Tierra tiene un valor económico descomunal.
Al parecer hay una convivencia de hecho entre terráqueos (nosotros) y los habitantes de Pandora (Navy’s). En el territorio extraterrestre, los humanos se contactan con los Navy’s. Estos parecen estar en un estadio aparentemente más rezagado que los terráqueos y suena parecido al histórico descubrimiento de América por Colon respecto a los aborígenes americanos.
En algun punto estrategico del territorio de Pandora se instala el núcleo central de la anécdota. Ahí aparece un campamento (tipo Obrador) de terráqueos donde se centralizan las acciones y muy cerca emerge la selva local (esto trae reminiscencias de Vietnam). A poco de andar se llega al donde habitan los Navy’s que componen el pueblo original.
La actividad de los extranjeros consiste (en la ficción) en administrar y gestionar la extracción de aquel mineral super valioso y para eso se aplica la misma tecnología con que en nuestro planeta trabaja la Minería actual y moderna. Se excavan y mueven grandes masas del terreno rico, destruyendo toda la naturaleza y su equilibrado sistema con esas grandes topadoras y con esos megacamiones transportan el material a donde luego es procesado hasta reducirlo a polvo. Una vez que el mineral es localizado lo aíslan y extraen directamente.
En esta parte de la historia ya es posible destacar dos cuestiones de gran transcendencia y mayor vigencia, hoy por hoy, la globalización y sus impactos transnacionales en el localismo en general y la cuestión de los pueblos originarios que dio lugar a la Convención 169 de la OIT.

Estos dos temas son suficientes para llamar la atención de quienes desde la perspectiva del Derecho observan y siguen con atención las cuestiones suscitadas en el impacto que produce el avance “ilegitimo” del extranjero o foráneo sobre el espacio del aborigen, originario o local.
También quiero destacar otro vínculo de Avatar con el Derecho, se refiere al campo de la Iusfilosofia. Cabe preguntarse cómo es esto.
En un sentido amplio, al apreciar los principios donde son anclados las premisas de los razonamientos en la filosofía con que funcionan los dos grupos que se enfrentan en este encuentro.

Los Terrestres razonan conforme a Reglas que surgen de un sistema creado por ellos y para ellos. Se trata de normas que se dictan para sí mismos y que solo alcanzan sus propias conductas excluyendo todo lo anterior y lo posterior (fragmentadas y tipicas del Totalitarismo).

Por su parte los Navy’s se rigen por reglas que tienen origen en la realidad Universal, que abarcan todo y todo está incluido (en esto se basa el Iusnaturalismo) pero superando la formula Pirámidal de Kelsen, en Pandora estos seres las ejecutan subordinando las conductas a la coherencia (planteo de Ronald Dworkin).

Sin embargo, sospecho que este tema no corresponde a un efecto pensado por James Cameron. Esto lo hace más valioso porque es posible deducirlo de la parte realizada a conciencia provocando una cascada de interpretaciónes “coherentes” con la obra realmente realizada.

De todas formas es una idea que la historia trae puesta y esto es lo suficientemente valioso para justificar su mención y hasta podría pensarse que en la realidad los mecanismos sociales pueden funcionar como en la teoría. Que no habría tal divorcio entre práctica y el pensamiento sino ideas mal diseñadas en la teoría y que al ejecutarse en la realidad dan el mismo resultado negativo.

Respecto al tema vinculado con la Convención 169 de la OIT, creo que su profundización merece un tratamiento especial, en esta nota solo nos interesa mencionarlo y creo que no es un tema menor. Es necesario que el lector conozca el texto de la Convención 169 y entonces podrá abordar el tema con coherencia. Podrá entre otras conclusiones descubrir que no conocer el texto del Convenio 169 es lo que no le permitió recibir el mensaje de Avatar ya que este es casi evidente y directo.

Para este argumento y favor del mismo cito la nota dada en los últimos días por el Presidente de Bolivia Evo MORALES reconociendo en esta película un valioso medio de difusión de una problemática tan cara a los pueblos originarios.



Dr. Ricardo Francisco Ortolá Bosio



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