jueves, 06 de mayo de 2021

>EDITORIAL


28.1.2010

Judialización de la Política.


Es la Justicia una victima?
(Es la Justicia una victima?)
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¿Quién será el autor de esta expresión?
¿El Gobierno desde el Poder Ejecutivo; la Doctrina desde la Ciencia (Políticas) el Periodismo editorializando?, muy difícil saberlo.

Pero su utilización, en el actual momento político es unánime, y paradójicamente en las Repúblicas, que precisamente por serlo, resulta inentendible semejante expresión.
Al parecer y además, nadie se detuvo a explicar el interrogante Ontológico que surge de la frase: ¿Es la Política un Objeto y la Justicia otro?

Reinterpretando el significado de esta expresión, podríamos llegar a decir -contra sensu- “que no pueden ser objeto de juzgamiento los hechos realizados por la política”. Lo que significa, directamente, que el Poder Judicial al juzgar un hecho calificado de político estaría excediendo su facultad o atribución, dicho filosóficamente:… que escapa a su razón de ser.
Así y sucesivamente, se podría confeccionar un largo listado de conceptos denotados de la expresión: Judicialización de la Política.
Por lo tanto, debería haber un sincero interés de revisar seriamente esta desafortunada etiqueta (tags), y que además, circula vigorosamente por los medios de opinión pública en algunos Países Latinoamericanos cuyos Gobiernos desinterpretan el significado de la República.
Adelantando mi opinión, diré que: para una Nación cuyo sistema político diseñado es una República Democrática, etc. etc.; carece de sentido en absoluto la expresión Judialización de la Política. Es más, no es posible deducir o interpretar nada que nos avise o advierta sobre una situación irregular, sino que por el contrario, lo que esta expresión nos dice, es que ocurre algo regulado y previsto por la Carta Magna y/o Constitución (mandato central en un sistema político). Lo indica expresamente y de tal manera, que un Juez (quién solo por serlo tiene Jurisdicción -poder de juzgar-) con competencia puede someter a proceso judicial cualquier acto y/o hecho que realicen los otros dos poderes; y no solo “puede” sino que “debe”, ya que es su primera obligación legal hacerlo.
A poco de avanzar, con el simple análisis semántico de esta expresión surgen contundentes evidencias del disparate que dice quién acude a esta etiqueta para argumentar y generar conclusiones, que a nuestro entender, siendo una falsa premisa solo producirá razonamientos falsos.
Antes de que se instalará la República moderna (con la división de poderes) existía la actividad que realizaban profesionalmente aquellos idóneos para Juzgar. Jueces y Tribunales de todo tipo eran llevaban adelante los procedimientos para emitir un juicio de valor respecto a un hecho generado por la conducta de una o más personas.
Hasta estaban especializados por materias y/o temas. Los más relevantes y antiguos, por ejemplo los Tribunales Religiosos o los Comerciales que resolvían la materia contenida por la Lex Mercatoria, y podrían enumerarse muchos más.
Continuando con el mismo criterio, la Historia de las Instituciones Políticas de Occidente muestra claramente el cisma político instalado por la Republica actual (la de los tres poderes). Que antes de ella existieron Parlamentos y/o Asambleas Legislativas (recuérdese el Senado Romano, los cantones suizos, las Cortes de Francia, el Parlamento Ingles) es decir, también existía la actividad legislativa consistente en construir y confeccionar leyes.
Y obviamente el Ejecutivo, que antes de la República accionaba con todo el Poder Político, con lo que conocemos como la suma del Poder Público y cuya figura emblemática es el Rey (la Monarquía). Dicha fórmula, la del poder absoluto generó una respuesta de la Sociedad Civil que consistió en la Instalación de La Republica.
Con la República en Francia y en los Estados Unidos de Norte América (década de 1770 a 1780 –desde hace unos 230 años-) la fórmula del sistema político Nueva fue la separación del Poder Único atomizándolo en tres de igual intensidad instalando un mecanismo (hasta ahora insuperado en la teoría también) que posibilitó la viabilidad del Estado como contenedor de la Sociedad Civil cuyos integrantes pudieran ser ciudadanos mucho más felices. Dicho irónicamente: se decapitó el Yo del Estado.
La Democracia, por su parte, es el gobierno de todos y se apoya en dos principios fundamentales que son: 1) la “soberanía popular” que se funda en el acto electoral y 2) la “legalidad irrestricta” que consiste en establecer mediante la ley las conductas y actos públicos que las personas en representación de todos deben realizar.
Esta simbiosis, República y Democracia estableció un esquema exitoso para las Naciones, la Sociedad y sus ciudadanos que lo adoptaron.
La historia inmediata me releva de todo comentario para fundar las afirmaciones hechas arriba, y si se revisa la obra de Francis Fukuyama podría obtenerse idéntica conclusión del Fin de la Historia en el sentido que este brillante sociólogo lo plantea.
La República nueva, al comienzo de su existencia construye un Estado nuevo en reemplazo del anterior, que no es otro que la Monarquía absoluta (el Estado soy yo – dijo Luis XVI). El nuevo diseño del Estado es muy sencillo, el Poder absoluto es partido en tres porciones y asignado en partes iguales a cada una de las actividades que se necesitan para que este pueda lograr sus objetivos y propósitos. Las actividades que el hombre ya conocía y utilizaba eran el de la Administración o Ejecutivo, el de la construcción de las leyes o Legislativa y la de juzgamiento o Judicial.
La República moderna (aparece en el comienzo de la Edad Moderna), parafraseando a Víctor Massuh, fue construida con la técnica del “bricoleur”. En efecto, la actividad legislativa que se realizaba dándole forma a los deseos unilaterales del Rey fue tomada para la misma acción pero en esta ocasión dotada de la porción de Poder que se le había quitado al Rey.
Y de igual manera ocurrió con el Poder Judicial que se encargo de seguir realizando la misma tarea pero como el Legislativo con la parte de Poder quitada a la corona.
Por último se dejo la Acción del Estado en lo que el Ancien Regim fue el Trono, al nuevo Poder Ejecutivo y encargado de ejecutar las Leyes.
Ahora bien, si el mecanismo explicado es legítimo y verdadero, ¿cuál es el significado de la Judialización de la Política?
Esta expresión (lejos de exagerar) es tautológica, es una premisa general y verdadera de un silogismo que se dice aparentando una conclusión, pero en realidad se trata de un argumento semántico políticamente incorrecto y éticamente despreciable.
Lo cierto es que la frase observada, en una República solo dice lo obvio, dice lo que ordena la Carta Magna en su parte orgánica, dice que el Poder Judicial Juzga hechos (que sean políticos no instala ni siquiera la excepcionalidad)haciendo lo que puede y debe. Y ya que Juzgar es su naturaleza es que tiene la última palabra para decir el Derecho en una República. Posee una función, además de su especificidad, sus caracterizaciones precisas y técnicas que impone una idoneidad científica a quién las ejerce. Su facultad es singular dentro del todo político, porque un tercio del Poder Político le pertenece en forma indelegable y si no concurre con la porción que le pertenece habría un defecto central viciando el funcionamiento del Estado. Dicho vicio anularía el hecho y/o acto que, materializado, como mínimo no sería Republicano.
Para concluir digamos que decir Judialización de la Política es como decir Judialización del Futbol… o de las Finanzas… o de la Seguridad… de los cheques sin fondos y de las Malas Praxis…
Por lo tanto, si hay Judialización de la Política es lo que debe ocurrir y si eso ocurre la República está servida, lo que quiere decir que vamos por el buen camino y no hay mayor prudencia que bendecir que así sea.



Ricardo Francisco Ortolá Bosio



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