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Ley Tributaria = (Impuesto ~ Servicio)

Libertad y su condición (Libertad y su condicion) 

 

La reformulación impositiva es estratégicamente clave en el proceso que describo como hipótesis de renovación del Estado en la Sociedad del conocimiento . 
Esta ya vive la era digital informalmente originando una relación anacrónica entre el Estado y el Mercado, y de estos dos con la Sociedad Civil que recibe los efectos de manera inequitativa, desordenada, injusta, lo que resulta siendo un enorme atraso para el progreso de cada ser humano que integran aquella sociedad.
El concepto “impuesto” está pensado por la opinión pública (vulgata) al mismo nivel que se piensa la existencia del artefacto Estado, y ni que hablar, de la razón de ser de un gobierno. Lo que quiero decir es que el constructo que representa el significado real de Impuesto, es utilizado de una manera primitiva y descalzada de un conocimiento científico y actual. Su reformulación debe incluir una revaloración social que se debe instalar en la Sociedad Civil mediante una idónea instrucción (no educación) a cada ciudadano. Se hace imprescindible un plan que incorpore en un 60% de la sociedad los conocimientos imprescindibles del significado “Impuesto ~ servicio”.
Concepto. Muchas (por la cantidad), y muchas (por la calidad), son las razones que hacen compleja y difícil, la tarea de comprender y luego explicar, que lo que ocurre en la realidad política de la ciudad y el país están en la Sección Local, pero que esas mismas noticias si están relacionadas con el mundo van en la Sección internacional.
Se han ensayado y se idean nuevas clasificaciones de esta temática, la política, que en definitiva es todo lo que ocurre en una sociedad en relación con el Estado y los políticos, mientras los ciudadanos enfrentan lo que ocurre en la economía o el mercado, participando y padeciendo en el mismo espacio social que les toca.
Es indiscutible que la sociedad de hoy, ya no tiene regreso, es del conocimiento y la información como diagnosticó Alvin Toffler en “Cambio de Poder” por los 90 del Siglo XX. Según este sociólogo, ya han caído las olas “surfeadas” por el poder político nacido con la civilización del hombre. La primera ola fue la propiedad de la tierra, ser dueño territorial otorgaba poder (el señor feudal y el rey); la segunda ola fue el dinero, el oro-moneda confería a su poseedor el poder político (Morgan y Rockefeller por recordar los más emblemáticos representados por el tío patilludo del pato Donald). Por último, en 1969 se vio al hombre pisando la luna en una endeble imagen de TV y en ese instante comenzó el Siglo XXI y con él la tercera ola, en su cresta el poder político es puro conocimiento. 
Esta situación obliga a repensar todas las clasificaciones y demás teorías para interpretar y comunicar la política. Todo es nuevo aunque hayan sobrevivido instituciones, lenguajes, mecanismos y los objetos más diversos y variados. Porque es cierto que todo cambia, y esto supone un proceso de transformación total, pero parafraseando a Lavoisier, al mismo tiempo y simultáneamente, “nada se pierde”. En este aparente y feliz juego de palabras se anida la clave para entender las leyes del universo y su relación con las leyes de la cultura que fueran creadas por el hombre y que en definitiva las verdaderas son una subespecie de las primeras .
Volviendo al tema inicial, creo que hay una fórmula que puede encuadrarse en la vulgata actual, un carril o andarivel que permita tratar el tema de la política sin dispersiones, chicanas, fugas y prófugos.
La fórmula es una aleación del Impuesto y el servicio, y el resultado debe ser el valor social producido por el Estado, directamente proporcional al valor económico individual de la persona o contribuyente.
Si se reúnen todas las lecturas posibles del universo político, donde caben todos los hechos entre el ciudadano y el Estado al someterlos a la prueba del “luminol” quedara revelada la existencia de sangre ciudadana en la equivalencia “Impuesto ~ Servicio” y no es una ironía. 
Este grave indicio debe ser considerado y revisado permanentemente por un ciudadano Instruido como un detective y con el conocimiento que la sociedad actual necesita para que se cumpla el protocolo de conducta social valiosa. Hagamos las pruebas que merece esta reflexión y observemos la realidad política de cualquier País considerando el paradigma “Impuesto ~ Servicio”.

¿Por qué pagamos impuestos al Estado?
¿Es un diezmo al señor feudal dueño del territorio a cambio de poder cazar presas, levantar una choza, recoger leña para el fuego, etc.? 
¿Y cumplimos en pagarlos porque ese señor feudal tiene la fuerza y nos protege de sus propia fuerza al mejor estilo Al Capone, fórmula utilizada en la Edad media?
¿Pagamos un impuesto al Rey-monarca por razones parecidas al del señor feudal, pero ahora, para poder vivir en una Nación?

En el mundo occidental, incluida la Argentina de hoy, “todos” tributamos un valor económico al Estado para que lo convierta en un valor social, por ejemplo asistencia médica a un pobre, un policía en la esquina del barrio, una escuela, etc.
Dicho de esta manera la formula es muy clara, sencilla: el valor económico (dinero, obligaciones de hacer, expropiaciones, etc.) ingresan a la Cuenta Fiscal por una sola boca de entrada que es la recaudación lisa y llana, generando un saldo que es el único y genuino recurso del Estado. Con este insumo deberá cumplir el universo de acciones que ordena la Ley. 
Es difícil ver alguna complicación o significado extraño a la cultura humana que impida o cambie este simple mecanismo.
Sin embargo, hay una cuestión que opaca esta lectura y es la imposibilidad de calcular la enorme masa de valor económico que aportan los contribuyentes y la cuantiosa cantidad de servicios encomendados al Estado, como puede percibirse a simple vista, su exacta co-relación es invisible al hombre común. 
Me refiero a la lectura macroeconómica con su compleja observación a través de semánticas y métodos solo utilizados por científicos y afines. Obviamente esa realidad solo puede tener observadores con la preparación y entrenamiento científico que excluye al hombre común, pero no obstante ello, la secuencia lógica con que se producen los hechos en la microeconomía es idéntico a la macro, y en esta cuestión se parecen a las cuentas de un consorcio de propiedad horizontal cualquiera.
Según la pregunta inicial un ciudadano paga un impuesto y debe recibir una contraprestación. La contraprestación la da el Estado y son todos los hechos y/o actos que realizan sus funcionarios, por ejemplo un viaje al exterior del Presidente. Este hecho es un costoso acontecimiento, de gran significado económico por su costo y que pagamos directamente todos los integrantes de la Sociedad Civil, es decir el ciudadano con su impuesto depositado en la Caja Pública. 
Esto no puede ser de otra manera porque el Estado “no tiene recursos económicos propios”. El Estado solo cuenta con el ingreso de los impuestos recaudados en la Cuenta Fiscal constituyendo el único activo financiero superavitario mientras su saldo favorable supere al gasto. No hay otro mecanismo misterioso, oculto o secreto por el que el Estado obtenga algún recurso que lo convierta por esa razón en un creador de riquezas económicas pertenecientes al Mercado. El Estado no produce Bienes ni Servicios y tampoco los financia por una razón básica, el Estado no tiene idoneidad para realizar esas acciones ya que la naturaleza de su “ser” es ajena a la realidad del Mercado. El Estado es una creación total y absoluta del hombre y responde a las leyes creadas por él, mientras que el Mercado es una creación de las leyes del universo donde el hombre actúa con herramientas creadas por él pero sus resultados son principalmente regidos por la naturaleza, pensemos una cosecha de maíz y la inundación que inunda el predio sembrado.
No hay paradigma que pueda incluir una realidad en otra y solo cabe reencontrar el sentido real de esta relación entre el Estado y el Mercado. El Estado es la gran herramienta de la civilización para ayudar a los hombres a lograr la felicidad superando los problemas básicos para la vida, que son la alimentación, la salud y la paz. Con el avance de la Sociedad, su acumulación de riquezas que origina el conocimiento podrá encargársele al Estado más tareas y otras más de mayor exigencia y calidad, pero no podemos cambiar su esencia o su razón de ser sin que esto no provoque resultados inesperados. Con esto último quiero decir que se puede utilizar una pinza para martillar un clavo pero aunque logremos clavar el clavo no es una tarea que podamos realizar siempre. La herramienta idónea para clavar un clavo es el martillo.

CONCLUSIÓN SOBRE EL CONSTRUCTO “IMPUESTO ~ SERVICIO”

La política económica del Estado, como tan pomposamente se califica, es simplemente una subpolitica de gastos dentro del sistema económico del País y/o Nación, porque el Estado (que son los valores económicos aportados por los ciudadanos en concepto de impuestos) y cuyo resultado se ve reflejado en la famosa cuenta del Gasto Público más conocida como el “déficit publico”. Digo esto, porque antes de debatir sobre el diseño del sistema impositivo es necesario acordar que el Estado no crea bienes ni servicios con valor económico original, lo que significa que el Estado no genera riquezas que aumenten el PBI. Esto debe ser una premisa fuera de toda discusión respecto al artefacto y funcionamiento como es el Estado. Con esta herramienta el hombre pretende construir una sociedad perfecta, y cuando lo logre, dejará de lado al Estado porque es un artefacto provisorio. Si el ser humano llega a su destino final será sin prótesis.
Mientras tanto el Estado es necesario y el ciudadano lo debe hacer funcionar con la mayor perfección posible. Eso podrá lograrse renovando la actitud y adoptar una mirada con gran calidad critica, la mirada de cada uno sumada constituye la mirada de la sociedad que sintetiza una conclusión con un poder inmenso. Esa mirada debe observar con simpleza pero comprendiendo la relación que hay entre el Impuesto que se paga y la contraprestación que se recibe del Estado. Esta fórmula no tiene ideologías, ni complejas semánticas o interpretaciones macroeconómicas, etc. Si pago un impuesto cuyo importe es determinada cantidad que recibo por ese valor del Estado. Eso es todo. 2

Dr. Ricardo Francisco Ortola Bosio

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Danza contra lobos, o: el multiverso cultural como laboratorio de la vida feliz»

Dr. Krotz(Dr. Krotz)

[Conferencia de Apertura]

Antes que nada quiero expresar que me da mucho gusto ver tanta gente de nuevo, después de muchos años, así como a egresados más recientes, que no había tenido la oportunidad de conocer anteriormente. También me da mucho gusto el evento comotal… y ¡que haya venido tanta gente! Porque, además de las cuestiones que ya se comentaron en la inauguración sobre nuestra disciplina, creo que tenemos en México una antropología en cierto sentido a la mitad, es decir, tenemos una antropología en la cual parecen tener voz solamente las antropólogas y los antropólogos que están en instituciones académicas. En cambio, el número cada vez más grande de colegas que no están en instituciones académicas o que están en instituciones académicas fuera delámbito específicamente antropológico, por lo general, no participan en nuestros congresos y, por lo general, no escriben en nuestras revistas. Considero que sería muy importante analizar en las mesas de trabajo de este congreso las posibilidades de que se participe más frecuentemente en nuestros foros disciplinarios –congresos, simposios, revistas–. Creo que varias revistas estarían muy interesadas en publicar también textos que procedan de colegas que trabajan en los más diversos ámbitos de la antropología»práctica» o «profesional» fuera de las instituciones de investigación y docencia estrictamente académicas y antropológicas y, de esta manera, completar el panorama de la antropología mexicana del cual normalmente vemos solamente una parte.  
Llamo mi conferencia “Danza contra lobos, o: el multiverso cultural como laboratorio de la vida feliz”y empiezo con un epígrafe de una de las grandesantropólogas del siglo pasado, Ruth Benedict, una de estas autoras, que como comentóRodrigo Díaz hace unos momentos, a veces se leían en los cursos de la licenciatura y aveces no… : “Una gran evolución en la cultura humana –dice Ruth Benedict– es lacreciente habilidad del hombre para vivir en unión de un gran número de sus semejantes. En los tiempos primitivos y en las sociedades más simples, solamente podían organizarse algunos pocos centenares de gentes para formar una comunidad, osi acaso algunos miles en ocasiones especiales. El hombre ha tenido que realizarinventos en la organización social y en la distribución de bienes y en el terreno políticoantes de que fuera posible la existencia de grandes estados organizados. Al lograr elhombre un número creciente de estas invenciones, le fue posible vivir en grandescomunidades e imponer la ley y el orden sobre áreas cada vez más considerables. Elcomercio y la vida ceremonial unían a la gente en forma apacible y circulaban las ideas. 
Los hombres recibían un estímulo para pensar, construir y crear.»

Un mito peligroso 

La invasión y ocupación de Irak, con su inaudita justificación como «guerra preventiva» y el fracaso de la Organización de las Naciones Unidas de impedirlas –fracaso queominosamente evoca el comienzo del fin de su antecesora, la Liga de las Naciones,cuando ésta no pudo evitar la anexión de uno de sus miembros (en ese tiempo eraEtiopía) por parte de otro (entonces Italia)–, ha llamado nuevamente la atención sobreuno de los mitos más peligrosos de la civilización occidental.  
Es un mito muy antiguo con el cual nos encontramos ya en la teorización griega 
sobre la polis y sobre su base fundante, el nomos. Está presente siglos después 
cuando Lucrecio, a quien Ángel Palerm ubica entre los «precursores» de la antropología, constata que «los seres humanos que poblaron estos campos a lo largo de muchas décadas vivieron sus vidas a la manera de bestias salvajes en libertad. … No podían tener idea del bien común ni noción de la moral y de las leyes… «. Milenio y medio después aparece otra de las muchas manifestaciones de este mito: en la época de la primera globalización nos topamos con él, cuando Pigafetta describe a los habitantesde las Islas del Pacífico como sumidos en el caos y regidos por completo por suspasiones, situación que privaba, según el pensador que a mediados del siglo XVII acuñó una forma especialmente sugerente y convincente de este mito, particularmenteentre los pueblos americanos, opinión que después sería compartida por Hegel.  
Como todos sabemos, para Tomás Hobbes, el estado de los seres humanos 
anteriores a la creación de la sociedad es el llamado «estado natural», el cual, según éllo define, es “la guerra de todos contra todos”. Aunque ni los seres humanos ni sus instintos pasionales pueden ser calificados de intrínsecamente malos, la inexistencia de límites naturales para los ímpetus innatos de los seres humanos vuelven usual y normalel recurso a la violencia en las interacciones entre éstos. Por lo que todos vivenpermanentemente en el miedo y con la incertidumbre que preceden a la agresión real yla muerte prematura. Incluso donde se logra establecer efímeros arreglos sociales, lapauta es la misma, pues las sociedades independientes se encuentran también en estado de naturaleza, una con respecto a la otra.  
Es evidente que tal situación en la que reina el terror continuo y el peligro de la 
muerte violenta no existe –como escribe Hobbes–, «oportunidad para la industria, ya que su fruto es incierto; por consiguiente no hay cultivo de la tierra ni construccionesconfortables, ni conocimiento de la faz de la tierra, ni computo del tiempo, ni artes, nisociedad; y lo que es peor de todo, existe continuo temor y peligro de muerte violenta; yla vida del hombre es solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve». 
¿Por qué hemos de calificar de peligroso este mito? Examinemos dos aspectos 
que están íntimamente relacionados uno con el otro y que nos llevan también a nuestra disciplina y al análisis antropológico de la actualidad.  
Por una parte –y todos ustedes lo recuerdan de las lecturas o de las clases o de 
conferencias–, aquí nos encontramos con una formulación sugerente y sumamente influyente de uno de los estereotipos más persistentes en la civilización occidental de concebir a los otros. Y esto no solamente se refiere a los pueblos primitivos, los pueblos de la época del origen de la humanidad, sino también con respecto a los otros al interiorde los pueblos europeos, en este tiempo en proceso de consolidación de sus estados nacionales, e incluso con respecto a los otros en la fase desde entonces llamadaprehistórica de su propia historia (o sea, lo que he llamado la triple fuente de la otredaden la fase inicial de la antropología). A todos estos otros se les aplica de una manera uotra este estereotipo, no solamente en ese tiempo en Europa, sino también hoy y aquí. 
Ustedes conocen esta realidad cotidiana, con respecto, especialmente, a la población indígena de nuestro país. Por ejemplo, en el más reciente libro que publica Carlos Lenkersdorf –con el provocador título Filosofía en clave tojolabal–, relata como más o menos en la época en que se fundó este Departamento de Antropología, se encontraba en Chiapas y buscaba quien le pudiera enseñar tojolabal, porque quería quedarse más tiempo por allá y se veía en la imperiosa necesidad de aprender el idioma de uno de los pueblos indígenas de la región que le había llamado la atención. Pero personas que eran sus amigos allá, creo que en Comitán, le dijeron que no tenía caso — porque no había tal lengua tojolabal. Consideraban que solamente existía un dialecto indio queconsistía más o menos de 300 palabras y no poseía conceptos abstractos… . Esto essolamente uno de muchos ejemplos y todos podríamos agregar otros más: los otrosuna y otra vez son vistos en términos de este estereotipo. Esto es cierto también a nivel 
internacional, donde a los pueblos del Tercer Mundo se les ve de este modo desde los centros del poder, estos centros de poder blancos, especialmente del norteamericano, desde donde, según la conocida crítica hindú de la globalización, Arundhati Roy, se les está diciendo que «ustedes, los del Tercer Mundo, no cuentan». Y también al interior delos países latinoamericanos, a menudo desde los centros de poder capitalinos, lasculturales regionales, pero también numerosas expresiones de las culturas populares son vistas y valoradas a través de este estereotipo y en función de él se toman decisiones públicas y se organizan las conductas privadas. Claro está, no por parte delos antropólogos — por lo menos no cuando los antropólogos hablamos como antropólogos, aunque hay que recordar, y a veces nos cuesta trabajo, que todos estamos inmersos en un ambiente en que esta idea florece y se sigue reproduciendo. 
Es una idea que no solamente se refiere a las otras sociedades, sino también califica el valor de las personas portadoras, reproductoras y transformadoras de aquellas sociedades o subculturas: son de antemano y para siempre personas que tienen una existencia pobre, tosca, embrutecida y breve, tal y como opinaba Hobbes.

El segundo aspecto, que me parece que se relaciona bien con este primero, no 
se refiere a grupos humanos en particular, sino enfoca de modo general la dimensiónde lo social. Esta idea que permea toda la obra de Hobbes, es también una idea quesigue difundiéndose y reproduciéndose y no solamente porque la gente no tiene otraforma de pensar, sino desde luego y ante todo, porque la materialidad institucional denuestras sociedades se encuentra marcada por esta característica. Lo social tiene en primera instancia un carácter negativo: lo social, la organización social es un graninstrumento de control. Hobbes lo señala claramente cuando dice que a esta situación del estado natural se tiene que responder con un «terror que atemorice a la población»,que aterrorice a la población a tal grado que se mantenga en una situación degobernabilidad. Unos párrafos más adelante, después de una discusión sobre los diferentes tipos de establecer el estado, o sea, la organización social como tal, una más impositiva, otra más consensual, Hobbes discute y rechaza airadamente las nefastas
ideas de su tiempo que se atreven a señalar que los ciudadanos podrían querer 
participar en las decisiones de sus gobernantes y, en dado caso, incluso podrían 
quererlos destituir…

Al mismo tiempo –es importante caer en la cuenta de esto– el orden social 
como tal es algo que no tiene futuro, porque una vez establecido, lo único que se puede desarrollar, son los individuos regido por él, pues el orden social creado es un sistemade control y lo único que podría hacerse es aumentar la intensidad del control y del dominio. Esta idea, introduce aquí y mucho antes de Fukuyama el llamado «fin de lahistoria». Al mismo tiempo, nos remite a los mecanismos más importantes de las antiutopías al estilo de Orwell. Ambos elementos se combinan para crear y mantener laconformidad con la organización social reinante — porque el futuro no existe o es, en todo caso, peor que el presente. ¿Es difícil reconocer el parentesco de estos elementoscon no pocos enfoques en las ciencias sociales, o sea, con propuestas paradigmáticasque comulgan con estas ideas paralizantes e inhibidoras de la transformación pendientey necesaria?
Hacia una visión diferente Así que la ciencia antropológica, así me parece a mí, tiene mucho que ver con estos dos elementos — pero esta relación es, afortunadamente, ambigua. Por una parte, no se puede soslayar que la antropología naciente, la de la segunda globalización, la del industrialismo incipiente, empezando con Spencer y con Bachofen, posteriormente apoyada en Darwin y Freud, ha contribuido de manera voluntaria o involuntaria a convertir esta idea –que en Hobbes es solamente un modelo y no la descripción de una situación real– en una supuesta verdad empírica. Pero por otra parte, nuestra 
tradición disciplinaria también tiene elementos para contestar estos enfoques o, al 
menos, para cuestionarlos. 
Incluso si uno tiene simpatías por la provocadora imagen de las pequeñas
sociedades de los primeros milenios de la historia de nuestra especie y otras 
semejantes existentes aún en algunos rincones apartados, que ha elaborado Marshall Sahlins con su teoría sobre las sociedades de abundancia, habrá que suponer que la vida de sus integrantes no siempre era sencilla y frecuentemente ha sido también una lucha por la sobrevivencia frente a adversidades provenientes del medio ambiente natural y social. Pero también era una vida con respecto a la cual uno no tiene razón para suponer que no haya existido en ella todo lo que hace que la vida nuestra, que igualmente es una vida en muchos aspectos dura y difícil, sea digna de ser vivida, o sea, una sociedad, donde caben también la fiesta y la celebración, la reflexión filosófica y la fascinación por la cosmovisión heredada por los antiguos, el deleite estético y el éxtasis de los sentidos, donde la interacción con los demás es experimentada muchas veces como gratificante, porque se dan la ayuda mutua y la cooperación, aliento y consuelo, confianza y perdón y donde uno puede sentirse entendido y comprendido y acogido por los congéneres –experiencias todas que deben haber sido tan extendidas y frecuentes en aquellas sociedades tempranas en la historia de nuestra especie como en las nuestras hoy.  
Si esto es así –y no veo razón por la cual se pueda dudar de que sea así–, 
entonces la pregunta es: ¿por qué analizar el fenómeno «sociedad» exclusiva opredominantemente desde el ángulo, desde el cual lo hace Hobbes? ¿Por qué entenderla esencia de lo social principal y hasta exclusivamente desde el ángulo de Hobbes? 
¿Por qué no ver las sociedades, que en cierta forma o a veces son como las que 
describe Hobbes, desde otro ángulo, el ángulo que permite ver que no todo es o tiene que ser competencia y lucha para conseguir un lugar a costa de los demás, sino que sociedad es, ante todo, participar y estar comprendido en y apoyado por universos simbólicos e instituciones que dan sentido a y permiten sobrellevar los acontecimientos inexplicables, que ayudan a mitigar el dolor, que posibilitan disfrutar el recuerdo delpasado y de los muertos, soportar las rutinas, celebrar el amor, embellecer los cuerpos y los artefactos, proyectar un futuro mejor? ¿No podrían, deberían ser estos elementos,presentes en la cotidianeidad de todas las sociedades y casi todos los tiempos, el puntode inicio para construir la perspectiva adecuada para analizar los fenómenos sociales? Hay un problema en esto que nos es familiar como antropólogos. Los elementos mencionados no siempre son fáciles de reconocer, muchas veces ni en las otrassociedades y a veces ni siquiera en la sociedad nuestra, cuando aparecen dentro de tejidos simbólicos y contextos institucionales extraños para nosotros y que en ocasiones 
hasta nos sugieren ser lo contrario de lo que son; extrañeza provocada normalmente –dejamos aquí de lado el problema de la ideología– por su pertenencia a otra sociedaddistante en el tiempo y/o en el espacio de la nuestra o también por su ubicación enalgún recoveco o margen de la nuestra. Por eso sigue siendo de primera importanciapara la antropología el estudio de los pueblos llamados indígenas, en México, de los 62 pueblos indígenas sobrevivientes, ya que presentan de modo especial estas otras formas de vivir, a lo que se agregan culturas regionales más o menos claramentediferenciadas y muchas de ellas con hondas raíces indígenas, y las diferentes formasde vida que han surgido en los barrios de las ciudades, lugares de trabajo, a partir deopciones filosóficas o religiosas, pero también impuestos por la pobreza y la exclusión — o sea todas estas culturas otras de las que hablan nuestras tesis, revistas y libros.  
Ahora bien, si nos damos cuenta de estos elementos y pensamos a la sociedad 
desde ellos, entonces no podemos ya ver a la sociedad como gélido mecanismo de control, hecho para mantener a los individuos a raya frente a los demás. Más bien, me parece, todas las formas de cultura y sociedad que estudiamos a lo largo de la historia y en todos los lugares del planeta y también en el presente complejo de nuestro mundo ynuestro país, constituyen una historia de búsqueda, una historia interminable de búsqueda de la vida feliz, de un grundriss adecuado para establecer una organizaciónde la vida colectiva que sea vivible, vivible con dignidad y agrado para todos. Unabúsqueda permanente, siempre nuevamente iniciada después de los fracasos, regresosde callejones sin salida y a veces incluso perversiones, para dar la posibilidad de la vida buena a todos. Vida buena que al mismo tiempo es buena vida… ¿No aparece esta búsqueda incluso en una de las formas de organización más cuestionables generadas por la especie humana, el estado nacional, que se organiza con base en un mapa constitucional en el que precisamente se delinea una idea de convivencia plenamente humana y se trata de establecer de alguna manera los mecanismos para crear y garantizarla, al menos como posibilidad y por lo menos paraquienes viven en el ámbito de influencia de este acuerdo? Y ¿no podemos reconoceresta búsqueda colectiva, pocas veces elevada al concepto, más veces llevada a cabosolamente de modo casi instintivo, no sólo en los pueblos y las culturas distantes, sinotambién en numerosas subculturas al interior de nuestro país y de otros países? Insistouna vez más en la importancia de los estudios sobre las poblaciones indígenas enMéxico y en el resto del mundo, una de nuestras tradiciones disciplinarias que más nosidentifican históricamente y fondo empírico y fuente de inspiración teórica irrenunciablepara esta nuestra ciencia social que enfoca a la realidad como una una y diversa a lavez.  
Por cierto, conviene hacer un paréntesis aquí y recordar que nos encontramos en 
el penúltimo año del denominado «Decenio de los Pueblos Indígenas», una década que empieza con el llamado de atención que hace Rigoberta Menchú al recibir el PremioNóbel de la Paz, cuando decía que cada pueblo, cada cultura que se extinguiera, significaba la extinción de una manera de entender la vida. Uno de los objetivos principales de dicho Decenio era lograr la aprobación por las Naciones Unidas de unaespecie de Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas — pero eldocumento respectivo está listo desde hace años y ningún gobierno se atreve a proponerlo a la Asamblea General, por miedo al probable reforzamiento que semejantedeclaración pudiera significar para los reclamos de los movimientos indígenas en todoel mundo y su lucha a favor del respecto real y no solamente ceremonial, en ocasionessolemnes, a la diversidad cultural.  
Insisto en que de lo que se trata no es solamente de afianzar una visión de otros
pueblos, de otras culturas opuesta a la del estereotipo cultivado por el mito hobbesiano. 
Verlas como búsquedas permanentes de la buena vida buena lleva a adquirir una 
caracterización diferente de lo que es el fenómeno social, una ontología de lo social muy diferente de la que delinea Hobbes y que impregna en buena medida también la teoría social contemporánea. Desde este punto de vista lo social sería –como nos enseña buena parte de la antropología desde su inicio como disciplina científica– algo que se encuentra permanentemente en proceso, algo permanentemente en evolución, con avances y retrocesos a veces difíciles de aprehender y de comprender. También por esto la necesidad del famoso “como si” leacheano que nos permite mantener como suspendido en el tiempo por un momento, lo que está constantemente en movimiento. 
Pero es más: cada momento encierra futuro, genera nuevos elementos de la clase de los arriba enlistados a modo de ejemplos, hace emerger nuevas preguntas y respuestas a estas nuevas preguntas, las que a su vez irán generando nuevas preguntas… La realidad social entera –que es lo que estudiamos desde los comienzos de nuestra disciplina, por más que a veces la perdamos de vista por confundir la limitada faceta de ella a la cual nos acercamos en el trabajo de campo siempre local, con el mundo entero del que forma parte–, el universo de la especie humana que es el multiverso de las culturas humanas, se abre ante nuestros ojos entonces como un gigantesco laboratorio en operación desde hace decenas de miles de años, como panorama asombroso de innumerables experimentos de felicidad, mediante los cualesmiles de generaciones han estado tratando y siguen tratando de organizar la vida deuna forma que conduce, al menos a quienes quieren intentarlo, a esta vida humana 
plena para la cual no tenemos otras palabras que las gastadas de vida buena o vida feliz. Vivir en comunidad aparece entonces no como una escudo protector contra la probable muerte prematura o un freno a la violencia sin límites. No, vivir en sociedad aparece entonces como un don, un don que se desdobla en muchos otros, algunos experimentables en la rutina de todos los días, otros solamente en épocas de fiesta o momentos de fervor creador, algunos para todas las semanas y otros solamente paraciertas etapas de la vida. De todos ellos, uno de los más importantes –y, como sabemos, en cierto sentido ejemplar para muchos aspectos del hecho social– es lalengua: ella nos constituye como lo que somos, algo que nos da ser y existencia, algoque nos constituye como personas, algo sin lo cual no estaríamos, sin lo cual noseríamos — aunque es un don que se puede usar en direcciones opuestas… La meta apenas emergenteVivir en sociedad, entonces, es participar en este laboratorio de una todavía no agotaday multifacética búsqueda de la vida que podría ser vida plena para cada uno y paratodos, de la vida que es un proceso de emergencia constante de nuevas solucionespara lograr la meta que se enuncia con estas palabras ambiguas de plenitud, bondad y 
felicidad que se acaban de mencionar; pero esta meta no esta clara en sí, aún no tiene perfil preciso, no es una meta definida de antemano hacia la cual se orienta nuestra brújula, sino una meta que a través del caminar mismo se configura, como a veces nosparece cuando caminamos en una topografía accidentada: que el mismo caminar noshace percibir de modo variado y solo poco a poco más claramente la figura emergentede la montaña hacia la que nos dirigimos. Es una metáfora muy imperfecta que acabo de usar que no debe engañar, pues el caminante sabe que la montaña está ahí,independiente de si la ve o no y de cómo la ve, pero la meta que esbozan nuestro sueños diurnos y que se encuentra prefigurada en los modelos utópicos de todos los tiempos, se configura a través de estos múltiples, tantas veces reiniciados procesos deexperimentación y búsqueda en todos los tiempos y todos los lugares desde que hayvida humana en el cosmos… Por cierto, la referencia al don de la lengua también nos recuerda que el intentarlo y el haberlo intentado a lo largo de la sucesión de las generaciones durante decenas de miles de años, no significa garantía de que se vaya a lograr. Todo elemento cultural y todas las culturas participan en esta ambigüedad por principio. Así, el idioma lo podemos utilizar para transmitir juicios y prejuicios, verdades y mentiras,declaraciones de amor y de guerra. Al igual que la ambigüedad intrínseca de la expresión verbal también la de todo fenómeno sociocultural nos confronta permanentemente con la necesidad de juzgarlo, de evaluar nuestra cultura y la otra, deevaluarlas ambas dentro del panorama universal de la diversidad y de su tendenciahacia lo propiamente humano que todavía está pendiente. La experiencia fundacionalde nuestra disciplina, el contacto cultural, nos recuerda desde el inicio de ésta y desdela iniciación de cada quien en ella, esta ambigüedad esencial, pues en esta experienciaafloran la repugnancia y la atracción, la fascinación y el asco, e igualmente son necesarios el relativismo que respeta de antemano al otro sociocultural y la ubicación del mismo en su lugar del laboratorio planetario de la vida auténticamente humana.  
Conviene tomar conocimiento de que en este proceso prevalece siempre una 
cierta sensación de inseguridad y es aquí donde se hace patente el carácter subversivo de la antropología. Éste es así, porque la mera existencia de la alteridad hace que uno se encuentre en la necesidad de justificar lo propio. Documentar lo otro, la otrapropuesta, que podría ser posible aquí, porque es hecho real allá, la respuesta diferentea la pregunta que uno contestó de otro modo, la otra manera de plantear la preguntaque uno mismo también tiene, hace ver que lo de uno es solamente una posibilidadentre otras, entre muchas otras, y que por tanto tiene que ser legitimada.  
Desde luego, esta idea deja muchas preguntas abiertas. Voy a mencionar 
solamente dos. La primera, la más preocupante tal vez, si uno ve la sociedad y el 
conjunto de las sociedades concretas en términos de un laboratorio como yo lo acabo de describir, es la pregunta de cómo fue posible que arribáramos a esta situación relativamente reciente en la historia de la humanidad, la emergencia de los estados nacionales, una forma de organización que ciertamente ha creado más desgracia que felicidad en nuestro planeta y donde hace poco hemos estado presenciando una fantasmagórica y escalofriante danza de lobos impulsada precisamente por esta forma de organización el poder. La otra es más de orden metodológico, pues, como ya se ha venido discutiendo desde hace tiempo en antropología, en nuestro país y en el resto del mundo, es difícil establecer cuáles son los límites y también quiénes serían, en dado caso, los representantes más genuinos de esas otras formas de vida. Lo que para unoses simplemente un ejercicio académico, para muchos otros es un apremiante problemapráctico, donde la socorrida metáfora del «mosaico de las culturas» no resulta muyadecuada, porque sugiere la existencia de culturas claramente delimitadas, una frente a la otra, cuando la experiencia del cruce permanente de fronteras se ha extendido cada vez más, tanto, que en casos extremos se ha renunciado al intento de definir aquello cuyas fronteras se está cruzando.  
Es en esta situación que a pesar de éstas y muchas otras preguntas inquietantes 
y no resueltas se hace palmario un campo de trabajo para la antropología necesaria. Es en esta emergencia de la interculturalidad como una estrategia y como una tarea de nuestro tiempo, donde los antropólogos tenemos mucho que aportar por ser los especialistas profesionales en la domesticación del etnocentrismo. Éste último es elprecio de la percepción de la otredad. Por ello se nos ha acusado –con razón– en estesentido desde el comienzo de nuestra disciplina y por ello nuestro gremio ha tomado este tema como la variante particular de la ideologización de la que necesariamente son víctima todos los esfuerzos científico-sociales. Por más que sabemos que las tensiones de las relaciones de género y de clase y del poder en proceso de concentraciónigualmente atraviesan no solamente el campo de lo social sino también su percepción yanálisis, la disciplina nuestra se ha enfocado a controlar la falsación del conocimiento científico-social provocada por el etno- (o crono- o civilización-) centrismo, por lo que tratamos de presentar modelos teóricos y elaborar estrategias metódicas para unainteracción con otras culturas que les permitan ser nuestros pares. Para que pueda darse esta relación todavía lejana de realizarse, tanto en la ciencia como en la sociedadde la que la ciencia antropológica es parte, vale la pena considerar lo que el filósofocatalán-hindú Raimon Panikkar llama el desarme cultural o civilizatorio. Menciono esteaspecto aquí porque nos recuerda que cuando hablamos de cultura, de relaciones de 
culturas y de interculturalidad, está presente algo que muchas veces no es 
suficientemente nombrado en los estudios antropológicos hoy día, a saber: que el 
interactuar de las culturas se está dando en una situación atravesada por una 
desigualdad aguda y creciente donde los mecanismos de la explotación y de la 
opresión tienen sus efectos deformantes sobre las culturas y no les permiten a muchas expresarse y reconstituirse para poder dialogar realmente de tú a tú… La exigencia de este desarme, formulado originalmente para el nivel norte-sur, también tiene mucho quever con nosotros, pues como profesionales somos normalmente de los que hablandesde el poder del conocimiento oficial, desde el poder del estado, desde el poder de lasociedad opulenta hacia aquellos que en su mayoría más bien son las víctimas de estepoder…  
Una antropología para la cuarta globalizaciónHay un consenso amplio acerca de que la tercera globalización en la que nos encontramos actualmente — aquella que empezó un poco antes, pero que generalmente es identificada con la fecha emblemática de 1989 — ha contribuido a hacer más visible la diversidad del mundo sociocultural. En todas partes se habla ahorade diversidad, de multiculturalismo, de pluralismo cultural, de interculturalidad, muchasveces sin saber exactamente qué es lo que se quiere decir. De todos modos y aún así,podemos admitir que a nivel general hay actualmente una conciencia mayor y crecientede esta calidad multicultural del tejido social. Dependerá mucho de nosotros si el mitopropulsado tan decisivamente por Hobbes o la idea del experimento de la búsquedauniversal de la vida buena prevalezcan en la interacción cotidiana, en la propuesta desoluciones a los problemas sociales, en la configuración de estrategias gubernamentales y de la sociedad civil, en la conciencia de los filósofos y de los líderesde las comunidades religiosas. 
Tenemos mucho que ver los antropólogos en la preparación de esta cuarta 
globalización que ojalá sea totalmente distinta de las tres anteriores, donde 
globalización implicó siempre la distinción entre un centro y una periferia. Una cuarta globalización donde podríamos contribuir con nuestros conocimientos profesionales al estudio, tradicional y típicamente antropológico o no tanto, de las muchas formas de vida social en el pasado y en el presente, en el campo y en la ciudad y a la concepción de la vida social como tal. Donde el conocimiento de confluencias, paralelos y divergencias, de semejanzas y diferencias entre las culturas ayuda a re-examinar lo que en la tradición propia, en la de cada uno y en la dominante de nuestro país, es tenidopor valioso, con el objetivo de fomentar y reforzar lo que lo es realmente, para enriquecerlo con elementos tomados de otras culturas. Porque, a pesar de que algunas de ellas estén compuestas por gente que no sabe leer y escribir, que no tiene presenciaen el mercado y ni siquiera aparece en las tasas de crecimiento del producto internobruto, puede que hayan encontrado respuestas mejores que las nuestras a losproblemas que son los de ellos y los nuestros o, al menos, respuestas que pueden hacernos pensar sobre si las proyecciones nuestras realmente son las mejores. Y,finalmente, este diálogo incultural pendiente podría encaminarnos para eliminar lo que para nosotros y para ellos es una desgracia (ojo: ¡eliminarlo en la nuestra, no sentirnosobligados a eliminarlo en la de ellos!).  
Así, en la interacción, en la relación intercultural aparecerían poco a poco, en 
anticipación simbólica y materialidad institucional, los perfiles –no un perfil único–, los perfiles de la felicidad hacia cuya consecución está proyectada desde sus inicios la vida humana. Vida humana que es vida en sociedad, no a pesar de la sociedad. Vida en sociedad que siempre es vida en una sociedad entre otras, en una distinta siempre delas demás, en un experimento de la felicidad que buscamos todos. A sabiendas que cada una de ellas y su conjunto se manifiesta como y se constituye en esta interacciónen caras inconfundibles del multifacético sueño hacia delante, hacia el tiempo dondesociedad no es, definitivamente, un mecanismo para proteger al ser humano de sussemejantes. Hacia el tiempo en donde nadie es obligado por las circunstancias de serlobo entre lobos, ni individual, ni colectivamente: el tiempo de la danza de las culturas Hacia el tiempo donde la experiencia fundamental, por desgracia no suficientemente hecha por tantos de nuestros contemporáneos, de estar acogido, respetado y querido, 
la experiencia que muchas veces solamente se ha tenido en breves momentos de la infancia, se convierte en fundamento de la vida buena, aquella vida que solo puede ser verdaderamente buena, cuando es buena para todos.


* * * *

Dr. Esteban Krotz

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Ser, Saber, Hacer

Por el Dr. Mario Bunge

(Epígrafe de la imagen)

CRISIS Y RECONSTRUCCIÓN DE LA FILOSOFÍA.

Se dice, y con razón, que la filosofía está en crisis. No queda escuela filosófica en pie, escasean las nuevas ideas filosóficas profundas y aún más los sistemas de ideas filosóficas. Las filosofías que se enseñan en las universidades están escolastizadas y han dejado de inspirar a las ciencias. Mientras tanto, las ciencias y las técnicas siguen avanzando vertiginosamente.
Todo está cambiando, menos la filosofía. Los tomistas siguen comentando a Tomás y al Estagirita. Los marxistas siguen discutiendo los textos de sus clásicos. De los positivistas lógicos no queda sino el recuerdo. Doctrinas que fueron innovadoras son hoy conservadoras.
Los analíticos han atomizado la filosofía y la han tornado superficial, incluso frívola, al eludir los grandes problemas de la filosofía tradicional e ignorar los nuevos problemas suscitados por la ciencia, la técnica y la sociedad. Este es el legado de Wittgenstein.
Los antianalíticos han hecho algo mucho peor: han reemplazado la investigación filosófica por una retórica dogmática, tan opaca que resulta casi ilegible. De paso han mutilado el idioma alemán y las lenguas a las que se ha «traducido» a los antianalíticos germanos. Este es el legado de Husserl y Heidegger.
La crisis de la filosofía es tan grave que ha llegado a hablarse de su muerte. Hay incluso toda una industria de la muerte de la filosofía. Esta empresa me parece tonta y deshonesta, pues no se puede prescindir de la filosofía: sólo se puede prescindir de la mala filosofía. Y nadie tiene derecho a cobrar un salario por proclamar la muerte de su propia disciplina. De modo que si la filosofía está en ruinas, hay que poner cerebros a la obra y reconstruirla.

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Mario Bunge

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La Conjetura y su Relato: El Discurso Político

Por Ricardo Francisco Ortola

Introducción

En “Is Democracy Possible Here Principles for a New Political Debate.”, Ronald Dworking señala que el “fracaso del dialogo”, en general, impide el funcionamiento exitoso de cualquier sistema político. Al mismo tiempo, señala que el dialogo es una acción imprescindible y vital para el consenso constante que requiere la democracia, que como ya sabemos, es la más exitosa formula de evolución humana.

Francis Fukuyama en el “Fin de la Historia”, seguramente mal interpretado, afirma que la República es el último diseño del Estado y llama al tiempo transcurrido para construirlo: “la Historia”. Desde tal perspectiva, Fukuyama explica que, al lograrse la Republica quedo concluido ese proceso, esto supone, el fin de la historia.

Zygmunt Bauman, en su libro “En busca de la política”, plantea una visión optimista contra el conformismo imperante del “no hay alternativa” y apunta hacia una reforma del modelo republicano del Estado y la ciudadanía, el establecimiento universal de un ingreso básico y la ampliación de una sociedad autónoma, para devolverles capacidad de acción e igualarlas con poderes que, en la actualidad son extraterritoriales.

Otro tema muy utilizado por los medios, observadores, noticias y editoriales de grandes periódicos es la ya “vieja” globalización. La actual Inmigración y sus movimientos amenazantes de los refugiados sirios y de otros lugares del oriente próximo con destino a Europa. Los movimientos migratorios más localizados como los mexicanos y otros latinoamericanos a los Estados Unidos, produciendo un gran efecto en el orden jurídico al que USA llama “los ilegales”.

A todo esto, se agrega un flagelo en parte de naturaleza social, parte política y económica totalmente ilícito, que es el Narcotráfico. 

En este breve listado de hechos y/o “sucesos políticos”, podemos encontrar una ilimitada y variopinta cantidad de explicaciones.  Editadas o editables y publicables o publicadas. 

Sin embargo y frente a este cuadro de situación me he hecho las siguientes preguntas: ¿qué discurso es el correcto?, ¿cómo llegar a una conclusión seria, verosímil y razonablemente aceptable de la realidad? ¿cómo acceder a la verdad? (aunque mas no sea por aproximación).

Entonces consideré que contestarlas mejoraría, sin dudas, el debate dentro del discurso político. No me refiero a la deliberación acalorada y confusa que se da entre los opinantes, sino, a la frustración de no poder arribar a una conclusión, que mediante el debate, se debería obtener. 

Hoy el fracaso parece aumentar ya que los debates nunca terminan en una conclusión que aporte un progreso concreto. Son comunes los refranes: “diálogos de sordos”, “no tengo interés por la política”, “las discusiones políticas separan a la gente” y por el estilo. Lo cierto es que hay una idea negativa de aquellos diálogos, charlas, etc.  que tengan contenido o significado político. 

Por este motivo decidí realizar este ensayo cuyo objetivo es conocer que es el discurso político, como se construye y para que existe. 

# Esta es una Hipótesis en Construcción y será completada en sucesivas entregas que se publicarán en este Site.

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Charlatanes…

por Marcelo Bosch

(Charlatan en acción)

 En esta ocasión quiero “denunciar” por flagrante charlatanismo a Pierre Levy que desde algun cómodo sillón parisino escribe profecías filosóficas de diverso calibre, en relación a la sociedad de la información y la inteligencia colectiva.

Si tales profecías quedaran por aquellas tierras estaría todo bien, pero resulta que además las compramos. Lo tuve que leer durante un curso de doctorado. Ante mi despiadada crítica, el profesor argumentó que es un autor de los más citados en el mundo en el tema (que no se bien cual es).
O sea que el valor de una obra se mide aquí por la cantidad de gentes que se creen el cuento…

En fin, asi se enseña a no-pensar en algunos claustros académicos.

Rescato algunas de las piezas de la obra “Las tecnologías de la Inteligencia” para enmarcar en la galería de disparates. Disfrutenlas!!
Advertencia: No busquen fundamentación, es inútil.

“En este fin de siglo emerge un conocimiento por simulación, del cual los epistemólogos aún no han dado cuenta”.

“¿Qué queda de la división tajante entre el sujeto y el objeto de conocimiento cuando nuestro pensamiento está informado hasta la médula por dispositivos materiales y por colectivos sociotécnicos?”

“Por medio del concepto de ecología cognitiva defenderé la idea de una entidad hombres-cosas pensante, entendiendo por entidad colectiva un grupo dinámico, poblado de singularidades que actúan y de subjetividades que mutan, tan alejado del sujeto exangue de la epistemología como de las estructuras formales que han caracterizado los bellos tiempos del pensamiento del 68″

“No existe ninguna distinción real tajante entre el hombre y la técnica, entre la vida y la ciencia o entre el símbolo y la operación…”

“Hemos afirmado que los grupos en cuanto tales estaban dotados de pensamiento (lo que no quiere decir de conciencia”.

“Lo que retuvimos de nuestras experiencias anteriores piensa por nosotros”.

De pronto en el capítulo de las interfaces aparece un subtítulo:
“Ontología de las interfaces”. Rápidamente me imagino que acá vienen las definiciones conceptuales. Vean lo que encontré:

“El colectivo sociotécnico está hecho de tal modo que enormes revoluciones de la ecología cognitiva giran sobre la punta de pequeñas reformas en la sociedad de las cosas…”

“todo lo que es traducción, pasaje, es del orden de la interfaz. Puede ser un objeto simple como una puerta, pero también una configuración heterogénea (una aeropuerto, una ciudad), el momento de un proceso, un
fragmento de la actividad humana.”

“¿Qué pasa a través de las interfaces? Otras interfaces.”

“La función reproductora hace que los dos sexos se unan (interfaz) y constituye al cuerpo enteroen un medio, en un canal o en un continente para otros individuos … El cuerpo como una inmensa red de interfaces.”

“Cada instante no es más que un pasaje entre dos instantes. Una multitud indefinida y hormigueante de vehículos, de canales, de intérpretes y de emisarios constituye el fondo del devenir. Angelos: el mensajero. Siempre polifónico y a veces discordante, he ahi el coro
irisado de los ángeles.”

Termino aquí, aunque la cantidad, variedad y tono de microdisparates es muy grande. Reconozco que estos párrafos están fuera de su contexto, pero sirven para “olfatear” el estilo de la obra, que no aporta pruebas de nada y acumula metáforas a lo largo de más de 200
páginas.

LEVY, Pierre. Las tecnologías de la inteligencia. Edicial.Buenos Aires.
(no encontre en el libro su año de edición, el original en francés es de 1990).

Marcelo Bosch (del “Grupo Bunge”)

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Frases de Juan Bautista Alberdi

Juan Bautista ALBERDI(Juan Bautista ALBERDI)

I – La democracia es la libertad constituida en gobierno, pues el verdadero gobierno no es más ni menos que la libertad organizada.

II -¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra.

III -En efecto, ¿quién hace la riqueza? ¿Es la riqueza obra del gobierno? ¿Se decreta la riqueza? El gobierno tiene el poder de estorbar o ayudar a su producción, pero no es obra suya la creación de la riqueza.

IV -El Gobierno es una necesidad de civilización, porque es instituido para dar a cada gobernado la seguridad de su vida y de su propiedad. Esta seguridad se llama y es la libertad.

V -El gobierno no ha sido creado para hacer ganancias, sino para hacer justicia; no ha sido creado para hacerse rico, sino para ser el guardián y centinela de los derechos del hombre, el primero de los cuales es el derecho al trabajo, o bien sea la libertad de industria.

VI -El Estado es libre en cuanto absorbe y monopoliza las libertades de todos sus individuos, pero sus individuos no lo son, porque el gobierno les tiene todas sus libertades.

VII -La libertad no es una mera idea, una linda abstracción, más o menos adorable. Es el hecho más práctico y elemental de la vida humana. Es tan prosaico y necesario como el pan. La libertad es la primera necesidad del hombre, porque consiste en el uso y gobierno de las facultades físicas y morales que ha recibido de la naturaleza para satisfacer las necesidades de su vida civilizada, que es la vida natural del hombre, por excelencia.

VIII -En este sentido, la libertad no es ni más ni menos que el gobierno expedito de sí mismo. Ser libre, es gobernarse a sí propio. La libertad es el mejor de los gobiernos, por esta razón palpable y natural: que como nadie es más amigo de sí mismo que uno mismo, nadie es mejor juez ni más fiel administrador de lo que interesa a su propia existencia que uno mismo.

IX -La riqueza, como la libertad, vive en el hombre, y tiene por causa al hombre. En el hombre está la mina, no en el suelo. El suelo puede estar lleno de oro: allí se quedará si falta el hombre capaz de explotarlo.

Juan Bautista Alberdi (1810 – 1884) fue un político, jurista, y escritor argentino cuyo pensamiento fue la principal influencia en la elaboración de la Constitución Argentina de 1853.

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Filosofar Científicamente

Tanto en la universidad Argentina como Latinoamericana en general, se ha ido dejando de lado la epistemología, es decir, se ha dejado de hacer ciencia y es que prevalece sobre las mentalidades de profesores y maestros que la epistemología no es muy útil, y además esto basado en el miedo y la vagancia para investigar está generando que América Latina como tal tenga un déficit de científicos, lo cual produce en gran escala la incapacidad de competir en un campo más.

La filosofía y la ciencia pueden ser tratadas desde varios puntos de vista por ejemplo:

La filosofía y la ciencia o filosofía con la ciencia: Se refiere al crecimiento simultáneo de ciencia y filosofía, es decir que ambas crecen iguales, ninguna se adelanta a la otra.

La filosofía de la ciencia en cambio se refiere al examen filosófico que debe sufrir la ciencia en todos sus puntos, por ejemplo: problemas, métodos, técnicas, estructura lógica, resultados generales, etc.

La filosofía desde la ciencia, es la filosofía con un pié en la ciencia, es decir que ha sustituido la especulación por el método científico.

La filosofía para la ciencia, esta se refiere a que la filosofía no solo se nutre de la ciencia, sino que también trata de serle útil.

Ahora bien, existen otros puntos de vista poco adecuados al momento de hablar de ciencia y filosofía, los cuales son:

La filosofía contra la ciencia: Se refiere fundamentalmente al irracionalismo.

La filosofía sobre la ciencia: Cree que la ciencia es superior, incluso que una sola es principal en valor y poder sobre las ciencias particulares.

La filosofía bajo la ciencia; Crea una excesiva dependencia de la filosofía con respecto a la ciencia, es decir el unilateral.

Dr. Mario BUNGE

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Norma y Tiempo

del Dr, Raúl Alberto Ceruti

(Pequeño manifiesto de un abogado del Estado)

I

Memoria, recuerdo y asunción.

​¿Tiene memoria la ley? ¿De qué modo recuerda sus precedentes? ¿De qué modo introduce las consecuencias de sus decisiones anteriores a las por decidir?

​Si entendemos a la norma como tal, externa al conflicto al que pretende aplicarse, autosuficiente, entonces la ley no puede recordar. No puede recordar ni los motivos ni los fines de su dictado, ni puede recordar las luchas o los gritos por los que o a los que pudo dar lugar.

​La norma suelta, mera técnica de poder desgranada de un manual de gestión, no tiene historia, no tiene recuerdo, no tiene memoria. Simplemente espera descargarse.

​Esta descarga, en la estructura de la Administración Pública, logra sustituir historia por jerarquía, lucha por subordinación y expectativas por mezquindad.

​En cambio, si entendemos la norma como producto y herramienta de las aspiraciones y deseos de pueblos, naciones y personas, la variable del tiempo va produciendo modificaciones, dejando huellas y cicatrices sobre su dictado, desarrollo, aplicación y permanencia.

​La visión extática del Derecho entiende a la norma como hecho dado y aislado, retraído a un páramo estéril e ideal, y consecuentemente, sólo pide de sus cultores adoración y sostenimiento, y de sus ejecutores, mera gestión y aplicación.

​¿Qué rol puede caberle en este entendimiento a la elaboración de normas, a las decisiones jurisdiccionales, a las voluntades de transformación? ¿Qué rol ocupa en este entendimiento el Poder Legislador, el Poder Judicial, el Poder Ejecutivo?

​ Hay una extática del Derecho que equivale a una extática del Poder. Se trata de la continuidad de los órdenes, de la conservación de los órdenes, de la conversión de toda pretensión a la de la verticalidad. Estructura de poder vertical e irreflexiva, se cierra sobre sus propios circuitos burocráticos, evitando y hasta impidiendo la participación popular. 

​El Estado, y consecuentemente, su canal de expresión, el Derecho, cuya historia solemos hacer desde la fuerza a la legitimidad, desde la arbitrariedad a la razonabilidad, desde la discreción a la participación, aún no se desembaraza de los términos del poder, como una emanación del poder, cuyo origen, en última instancia le corresponde a Dios o a la Naturaleza o la Razón. Siempre por encima y por afuera del hombre.

​El poder se ejerce sobre las personas como una institución derivada de la posesión sobre las cosas. Se asimila la política al dominio y la economía al impedimento, la política a la abundancia y la economía a la escasez. De esta forma, los pocos y autoproclamados “mejores” imponen su modelo de exclusión al resto. 

En este sentido, ningún derecho es más fácil de defender que el derecho de propiedad, ya que la propiedad es menester haberla antes de defenderla. De esta facilidad y sólo de ella surge su suerte de sacralidad, de derecho de derechos o derecho modelo, respecto del cual el paso del tiempo no debe alterar un ápice.Por ello la perplejidad que aún accede a numerosos cultores y operadores del Derecho, respecto de la estructura, generación, legitimidad y procedimientos de los derechos humanos.

De allí que tampoco se asuma la dimensión del sufrimiento (un dolor provocado a lo largo del tiempo) sino sólo la del daño (una pérdida o ruptura que supone un cambio de situación en las asignaciones).​

De allí, que se intente configurar la función del Derecho Administrativo para los abogados del Estado como protectiva de los recursos de la Administración, como una mera Procuración del Tesoro.

El paso del tiempo no sólo genera intereses. El paso del tiempo modifica los hechos y las personas. Nos hace conscientes de nuestra mortalidad, de la fugacidad del poder, y de la fragilidad de nuestro mundo. El paso del tiempo exige entonces una política de la carencia y una economía de las posibilidades, exactamente inversa a la actual política del dominio y economía de la escasez.

Un Estado democrático no puede continuar siendo entendido como una emanación y distribución de poder, sino como un reconocimiento y administración de debilidades. De modo tal que la política señale la administración de las limitaciones humanas, haciendo ingresar a la economía en la abundancia y diversidad de sus recursos y herramientas. A fin de que los muchos e “iguales”, optimicen los medios a su disposición para el mejor desarrollo de sus distintas y valiosas personalidades.

De esta forma la Ley comenzaría a tener historia y no sólo antecedentes, las sentencias judiciales comenzarían a tener memoria y no sólo precedentes, y las decisiones administrativas comenzarían a tener conciencia (recuerdo), y no sólo adecuación.

II​

La división de poderes y el signo.

​Si el Poder Constituyente establece el Código en el que habrán de entenderse las formaciones de signos, el producto del Poder Legislativo, la norma general, sería a sus efectos una Primeridad. Esto es, el primer aspecto a considerar, antes de su constatación en la existencia o su estructuración en la ley (aquí, mencionada en sentido peirciano del término, como interpretante, en tanto método para detectar/reconocer/instituir la existencia de un signo, referido a un Código al que convoca a tal efecto).

La Segundidad, el choque de la forma con la existencia, allí donde la existencia tiene vinculación inmediata con la forma, es bajo la modalidad de la sentencia, producto del Poder Judicial, que intenta traducir/introducir/invocar la norma general a través de las acciones desplegadas en el caso particular.

Por último, la Terceridad, el advenimiento del interpretante en tanto tal, que constituye el establecimiento de sentido y por así decir, traduce el código a la forma bajo la modalidad de actos administrativos generales y particulares, es el ámbito propio del Poder Ejecutivo.

La Primeridad (Poder Legislativo) genera una hipótesis (norma) a corroborar en un hecho (sentencia emanada del Poder Judicial- Segundidad) y a desarrollar en una actividad – Terceridad (Poder Ejecutivo). 

Esta distribución de los elementos del signo puede parecer novedosa. Sin embargo de ello, siguiendo la descripción que Charles Sanders Peirce hace de cada elemento y tomando en consideración la metodología impartida por Magariños de Morentín, deviene justificado.

En efecto, la norma expresada por la ley es la sensación primaria que atraviesa la sensibilidad jurídica (la “norma en sí”), cuya yuxtaposición supone un contacto existencial con ella (su imputación a un hecho o sujeto determinados por medio de las sentencias). Finalmente, con tales perspectivas a la vista, el interpretante lleva a cabo sus decisiones, omisiones e indecisiones (su puesta en función reglamentaria y proyectiva mediante las políticas de gobierno), realizando el acto determinado por ella, en función del código que le subyace y sostiene.

Este juego de relaciones entre poderes y signos es infinito ya que cada uno de ellos es alimento y causa de los otros dos. Así, el Poder Legislativo asimilando como insumos los efectos logrados o no de sus normas a través de la aplicación efectuada por el Poder Ejecutivo, o de las interpretaciones o conflictos que tuvieran lugar a través de los casos llevados a resolución del Poder Judicial, dictará una nueva norma a fin de ser aplicada e interpretada nuevamente, a fin de deshacer la anterior, o de hacerla más firme, dura o efectiva. Esta “semiosis ilimitada” vuelve a hacer imperiosa la necesidad del tejido de redes para la aplicación de la norma, redes horizontales que permitan la participación ciudadana incluso en la generación de decisiones administrativas.

Entender al Poder Legislativo como portador de la Terceridad sería reducir dicha infinitud a sólo una de sus clases más insidiosas: La del círculo vicioso. En efecto, haría que el Poder Legislativo hiciera de sus propias normas la aplicación, interpretación, derivación, consulta e insumo para llevar a cabo el dictado de sus propias normas. Este círculo vicioso vuelve nuevamente extático el discurso y la investigación jurídica, para mayor gloria de la escuela analítica, cuyas habitaciones sólo lindan con una primera mayor y una menor a fin de construir el único silogismo asimilable.

III

La división de poderes y el tiempo.

​Sólo al denominado Poder Constituyente le es dada la ilusión del “para siempre”. Su construcción, presunción y proyecciones, en cuanto suponen el acto fundacional de una determinada forma de gobierno, le otorgan esa licencia. El Poder Constituyente se mueve en la Historia.

​El Poder Legislativo se mueve en la Impresión, volcando en normas las pautas generales de la prospectiva política de acuerdo a intuiciones y señales acordadas e intuidas en un momento y lugar determinados.

​El Poder Judicial se mueve en la Memoria, llevando la ley al caso, procurando integrarlo a la coherencia de decisiones anteriores, de referencias anteriores, de requisitos y procedimientos anteriores.

​Por su parte, el Poder Ejecutivo se mueve en el Recuerdo,  debido a que es quien debe actuar ante todas las situaciones críticas o de emergencia, marcando el primer paso a seguir a su respecto; en la intervención, ya que es el que ejecuta sobre personas, empresas y patrimonios, las decisiones jurídicas que los afectan; y en el hábito, debido a que constituye la representación del poder por excelencia, en la administración general de las instituciones públicas, manteniendo una estructura organizativa que le permita realizar sus objetivos en todos los ámbitos para los que se prevé su competencia.

​Si el Poder Constituyente establece la dirección correspondiente a los derechos humanos, el Poder Legislativo debe introducir en el orden jurídico los caminos a recorrer, el Poder Judicial señalar las paradas y los hitos correspondientes, y el Poder Ejecutivo a abrirles paso.

​El Poder Legislativo sólo actúa al momento de la sanción de una norma; y el judicial, a instancia de parte o de oficio pero siempre respecto de un caso particular. De los tres poderes, sólo el Ejecutiva actúa en forma permanente y constante. 

De allí que al Poder Ejecutivo corresponda el reproche máximo por inacción, ya que su pasividad abandona la dirección, destroza los caminos e inutiliza las guías. La falta de respuesta del Poder Ejecutivo, en tal sentido, configura una vía de hecho denegatoria de la pretensión o el derecho que se le exige comprender o garantizar, y como tal, resulta violenta.

​El Poder Ejecutivo, obligado a la acción, no debe pretender coherencia interna ni adecuación lógica con sus propios dictados anteriores, sino antes bien, debe propender a la superación del sistema jurídico en orden a la paulatina satisfacción de los principios los derechos y las garantías.

​Se trata, usando una metáfora musical, de la diferencia entre la reproducción de las mismas notas y la consonancia, en la que se pulsa una nueva nota, cuya voz viene a integrarse al acorde predispuesto, bajo continuo y armadura en clave correspondiente a su partitura.

​Pretender la más rígida coherencia interna en la faz administrativa, resultaría en una política conservadora. Perseguir o consolidar la adecuación lógica de sus decisiones a un catálogo de respuestas predeterminadas resultaría en una parálisis argumentativa. Y controlar la consonancia con sus propios dictados anteriores resultaría en la fijación del horizonte, con la consecuente aniquilación del movimiento.

​La adecuación de las decisiones del Poder Ejecutivo corresponde ser establecidas de acuerdo al Código, al horizonte trazado por los tratados internacionales de derechos humanos, por la Constitución y por las leyes que regulan los fines y competencias de los ministerios de gobierno. Su impartición de justicia, en término de la teoría axiológica, es de “llegada”, no de “partida”. 

​La visión que la modernidad ha pretendido dejarnos acerca del Derecho y de las normas opone la política como incerteza, y a la técnica como seguridad. ​Se olvida de este modo que siendo el Derecho una construcción histórica, y sin embargo ejercitarse como estática y manifiesta, donde posea un mandato constitucional o convencional, cualquier inacción es atraso, cualquier omisión es retracción y cualquier negativa a actuar por parte del Poder Ejecutivo es incumplimiento.

​Se repite aquí nuevamente la relación entre el exceso (política) y el defecto (técnica), como voluntad y saber, análogos al dominio (de nuevo la política) y el impedimento (economía) que analizáramos en el punto I.

Cuando el conflicto sólo puede ser resuelto por el Poder Constituyente, es porque lo que deviene necesario es una ruptura, no ya una simple discontinuidad. Una ruptura que supone el cambio de código y consecuentemente, de la institución de un nuevo interpretante.

Cuando el conflicto corresponde sea resuelto por el Poder Legislativo, es porque hacen falta otras maduraciones, más lentas aún y esforzadas, a fin de movilizar la consciencia de tal modo que un reclamo de transformación suponga ya la transformación, devenga necesaria en su mera descripción, y suponga a su respecto una cierta discontinuidad.

Cuando el conflicto llegó al Poder Judicial es porque ya transcurrió el tiempo de actuar y lo que resta llevar a cabo es minimizar los daños de esa pérdida de tiempo. En sede jurisdiccional corresponde el acercamiento de la promesa a la existencia, devolviendo su dinámica a la norma, y recuperando al ser para la memoria.

El Poder Ejecutivo es aquel que, en tanto garante de la continuidad,precisamente no sabe si no actúa. Y debe actuar rápidamente, incluso para corregir sus propios errores. El Poder Ejecutivo tiene la unción y la presión de la inmediatez. Es el que está allí para abrir el contexto de posibilidad de los derechos, presentados, encaminados o canalizados a través de la norma.

Permitir, por ejemplo, la liberación de una partida presupuestaria para hacer lugar al pedido de una intervención sanitaria, no sólo supone cumplir con el fin para el cual está determinada la existencia del Estado, sino que incluso supone evitar mayores, concomitantes y futuros gastos sociales que a los que cabría enfrentarse en caso de negativa por no cumplimiento de determinados procedimientos o requisitos formales.

​Así, una interpretación normativa que lesiones, altere, restrinja o amenace un derecho reconocido por los tratados internacionales y la constitución nacional, corresponde sea inaplicada, con el debido fundamento, aún en sede administrativa; y en cambio, una interpretación que diversifique y multiplique las posibilidades de su desarrollo, es la que debe elegirse en cada caso.

​Colocar las carencias (y no el dominio) en el centro la determinación de lo político y extremar las facultades en el ámbito de lo técnico para su superación y consideración, supone el único modo de realizar los derechos no sóloconsagrados sino más bien deseados por nosotros, en tanto que ciudadanos, en tanto que sujetos de una red de vínculos y de distancias. A fin de que la cadena se ANUDE por lo más delgado.​

Raúl Alberto Ceruti

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La Sociología del Derecho

Paper de Luis G. Acosta Rivellini

Multitudes en Acción(Multitudes en Acción)1 de 1 

Esta Sociología especial surge a fines del siglo XIX con el propósito de introducir una perspectiva sociológica al derecho, es decir una perspectiva de mirada diferente. En efecto, si recordamos la obra de Emil Durkheim en “Las Reglas del Método Sociológico” y advertimos que en ella puntualiza que el derecho es un “hecho social” es decir, una forma de “pensar de hacer y de sentir común al término medio de la sociedad” y que reúne las características de ser externo al individuo y que ejerce sobre él cierta presión, resulta indudable que las normas jurídicas reúnen ésos caracteres. Por otra parte recordemos que el mismo autor en “La División del Trabajo Social” (su tesis doctoral), puntualizaba las diferencias entre las formas de Solidaridad mecánica y orgánica, adjudicándole a la primera un tipo de derecho punitivo (derecho penal) y a la segunda el derecho restitutivo (derecho Civil), advertimos que fue un precursor de la Sociología del Derecho.

En consecuencia, debemos entender la Sociología del Derecho como “la parte especial de la Sociología que describe y explica la influencia del derecho en la vida social y a su vez de qué modo los fenómenos sociales y culturales se convierten en normas e instituciones jurídicas y por qué”. Adviértase que estamos describiendo un sendero de “doble mano”, es decir, por una parte indagamos cómo influye el sistema normativo en lavida social y por la otra, de qué modo la sociedad propicia la creación de nuevas normas e instituciones jurídicas. Por ello y si pensamos objetivamente, la Sociología del Derecho tiene tanta legitimidad e importancia como la Sociología Económica, la Sociología Educativa o la Sociología Política con la que tiene una relación estrecha, en razón que las decisiones legítimas se imparten a través de normas. Esto explica, a su vez, el extraordinario desarrollo que ha tenido como campo de investigación científica en el último siglo.
El estudio comparativo de las instituciones como la familia, la indagación del complejo origen de la criminalidad, o las razones que explican la penalización del aborto, o si esta o no permitida la eutanasia, son apenas algunos de los temas que despiertan el interés de los sociólogos del derecho. 
En relación a ello, conviene recordar el pensamiento de Max Weber, quién en “Economía y Sociedad” y en una obra posterior dedicada al tema que nos ocupa, deja sentados algunos criterios que lo harían precursor de la Sociología del Derecho. En efecto, cuando por la acción tiene por fin un valor distingue las Ciencias Naturales de las Culturales puntualiza que mientras las primeras no tienen relación con los “valores” las ciencias culturales si, al igual que cuando refiriéndose a los “tipos de acción social” enuncia la “acción axio racional” como aquélla que tiene por fin un valor, como la actividad científica, la del capitán del buque que se inmola con él en caso de naufragio, o la mujer hindú que se autoelimina con su esposo al tiempo de su muerte en la pira incineradora. Añade además que buena parte de la conducta de los hombres tienen como marco normas jurídicas que tienen referencia a un valor. Una esfera importante de la acción social tiene pues que ver con los valores. De ahí la justificación de una Sociología del Derecho. En la dirección expuesta caben preguntas de significación para la investigación científica: ¿Qué valores busca preservar una sociedad cuando intenta sancionar determinada norma? O El incumplimiento de una norma implica hacer caso omiso de qué valor? Y por cierto, los valores jurídicos generalmente trasuntan valores éticos o morales, de modo que cuándo se alude a ellos se incursiona en el campo jurídico y ético, cuestión que abordaron pensadores que distinguieron el derecho de la moral sin escindirlos ni considerarlos ordenes antagónicos. Por otra parte la Costumbre fue la primera fuente del derecho y estaba fuertemente condicionada por las creencias morales de la sociedad. Así lo demuestra el derecho antiguo y con especial relevancia el Derecho Romano. Aun en los tiempos que corren la costumbre tiene una influencia importante en la conducta humana, más allá de los límites que le imponga la legislación positiva para su validez, su influencia es inconstrastable por formar parte de la cultura y la historia de la sociedad.

De entre los clásicos, una postura opuesta es la representada por Carlos Marx y Federico Engels. En la conocida obra de Engels “El Antidüiring” en el capítulo referido a Moral y Derecho” afirma Engels, que “…las normas jurídicas forman parte de la superestructura de la sociedad y constituyen pautas que tienden a reafirmar la dominación de una Clase social por otra. De éste modo el Código Napoleón de 1804, no es más que la forma de proteger la propiedad burguesa”…… Es decir, que en consonancia con Marx se visualiza al derecho como “un instrumento más de dominación de clases sociales y formando parte de la superestructura de la sociedad”. Y así como el Estado es instrumento de dominación, lo es también el derecho que trasunta en mandatos normativos la decisión de los que mandan. Por ello, el derecho aparece como medio del conflicto de clases que es una ley del marxismo, según surge del “Manifiesto Comunista” de 1848.

Esto explica que muchos autores actuales presentan la teoría marxista como una versión de la Teoría del Conflicto, que en tiempos recientes tiene nuevos exponentes.

Por su parte la escuela Estructural Funcional de Talcott Parsons y Robert Merton, incursionaron también en las funciones del derecho en la sociedad y su importancia para el mantenimiento del orden social, como dijera Merton en su obra “Teoría y Estructura Social” las funciones son “las consecuencias objetivas y observables de los fenómenos sociales” y en lo concerniente al derecho éste tiene la función de regular las conductas en el proceso interacción que torna previsible –hasta cierto punto- el comportamiento humano. Por ello, que el ordenamiento jurídico tiene la función de articular los distintos subsectores de la estructura social general.

En lo concerniente a la Sociología Crítica representada por Hokheimer, Adorno y más recientemente por J. Habermas se produce todo un replanteo en la relación entre Filosofía y Ciencias Sociales, que termina ingresando a las sociologías especiales, de allí que el enfoque resulte interesante para la propia Sociología del Derecho. 

Dr. Luis G. Acosta Rivellini.